EL HABLADOR Y LA NOVICIA

La relación imaginaria entre una novicia y un indígena, es poner en dialogo la ambigüedad. El periodo colonial como trasfondo le agrega una inconsistencia imaginaria a esa relación imaginaria, porque del todo es un encuentro imposible. Aquí reside la ambigüedad. Aquella época la caracteriza la retórica barroca, con sus movimientos sin fin, y la figura que mejor lo define es el oxímoron: ”Que tiernamente hieres, soledad sonora, música callada”, dice San Juan de la Cruz. Y así es el encuentro de dos iniciados, una novicia y un indígena, cada uno en un mundo distinto y distante, irreconciliables. De la palabra de Dios a la palabra del hablador; del éxtasis místico al tránsito alienado;  del convento a la calle, son dos mundos irreconocibles. Cuando hablan, solo son eso, soledad sonora y música callada. Simbólicamente los une una sola cosa, las flores: Ella desea ser una flor de santidad;  él es una flor de alucinación.

 

Jaime Borja

Historiador Universidad de Los Andes

Bogotá, Colombia. 2017